La leyenda del Valle del Desterrado.
Cuentan los ancianos pobladores del asturiano Valle de Oscos, que hace mucho años habitaba en la localidad Santa Eulalia de Oscos un Señor para el que trabajaba un obediente criado. Una tarde que volvÃan de cazar, se encaminaban hacia la iglesia pero se les hizo tarde, y el Señor, devoto religioso él, que no querÃa quedarse sin escuchar la misa, ordenó a su criado que se adelantara a galope y diera orden al párroco de retrasar la misa para que el Señor pudiera llegar a la ceremonia.
El criado obedeció, y consiguió llegar a la iglesia antes que la misa comenzara. Allà le dijo al cura que esperase a la llegada de su Señor, que tenÃa interés en escuchar la misa, y que no tardarÃa en llegar; pero el cura, al ver que todos los habitantes del Concejo de Santa Eulalia se encontraban ya esperando por la misa, decidió dar comienzo a la liturgia y no esperar a la llegada del Señor, pese a los ruegos del criado.
Al llegar el Señor a la iglesia, todos los fieles ya estaban abandonando el recinto, pues la misa habÃa terminado. El criado le explicó lo sucedido, y el Señor se enfureció de tal modo que ordenó al criado que matase al cura, o que de lo contrario serÃa el criado quien hallarÃa la muerte. Éste, ante viéndose en semejante tesitura, mató al cura para no morir él, pero su propio Señor le delató, y el criado fue sentenciado a morir ahorcado.
Una extraña circunstancia salvó la vida del criado. Por aquel entonces, el tÃtulo de hidalgo se concedÃa a aquellos habitantes que no necesitasen trabajar para nadie o comerciar con nadie. Como en Santa Eulalia de Oscos casi todas las caserÃas producÃan aquello que necesitaban para vivir, todos los habitantes del concejo, salvo nueve, eran nobles, aún sin riquezas.
Y asà llegó el dÃa del ajusticiamiento, pero como los nobles no podÃan ser verdugos por razones de tÃtulo, nadie pudo accionar la horca que ajusticiara al criado, y asà hubo que cambiar la sentencia de ahorcamiento por una de destierro de por vida a un lugar en el que no se oyera “carro chirriar”, “gallo cantar” ni “campana sonar”. El sitio elegido fue más allá de la aldea de Ancandeira, situada en la senda de la Seimeira, cerca de la localidad de Bosqueimado, adonde casi nadie se atrevÃa a aventurarse. Allà lo confinaron, y ese valle desde entonces se conoce como el Valle del Desterrado.
Imágenes: XocoRural










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